Febrero 2022
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RCG

Stents en fístulas esofagogástricas posquirúrgicas: in medio virtus

De acuerdo con el Grupo de Consenso sobre Complicaciones de la Esofagectomía, una fuga anastomótica es un “defecto gastrointestinal de espesor total que afecta al esófago,
la anastomosis, la línea de grapas o el conducto”(1). Las fugas anastomóticas después de la cirugía se han asociado a tasas más altas de morbimortalidad, especialmente si hay
un retraso de más de 48 horas en el diagnóstico(2,3). El fracaso en el rescate de una fuga esofágica es la principal causa de mortalidad en estos pacientes. El drenaje adecuado, la
reintervención con colgajos pleurales o diafragmáticos y la derivación (esofagostomía) son opciones de tratamiento para las fugas graves no controladas. Recientemente, se ha
despertado el interés por las opciones mínimamente invasivas para tratar las fugas anastomóticas(4), incluida la colocación de endoprótesis esofágicas, que han demostrado ser eficaces en el tratamiento inicial de las fugas anastomóticas esofágicas y pueden ofrecer comorbilidades bajas, con resultados comparables a las de otros tratamientos.

Rodrigo Castaño-Llano.1

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